Cuando se decide estudiar una carrera como educación, sea esta en preescolar, básica o media, es indispensable tener en cuenta, que la educación es una labor que se debe desarrollar con amor, en beneficio de los niños o jóvenes que Dios nos ha puesto en las manos para formarlos y hacer de ellos mejores personas cada día.

Si la educación es hacer pedagogía con amor, ¿Por qué escucho decir a algunos docentes, que están cansados de esta tarea?. Tengo algunas posibles respuestas.

Una primera respuesta puede ser, si realmente los docentes que se encuentran en algunos colegios si tienen la formación en pedagogía o simplemente son personas que han estudiado alguna carrera como ingeniería y se ha decidido a “dedo” que debe enseñar alguna materia específica relacionada con lo que estudió, este ejemplo lo vemos aún en las Instituciones educativas.

Otra posible respuesta puede ser que aquellas personas que decidieron estudiar Educación, no tenían claro en el momento de comenzar su carrera que serían docentes por muchos años y deberían estar renovando sus prácticas educativas y esto los llevo a la monotonía de su quehacer como docente en un aula de clase.

Será que el dinero es la única razón por la que muchas personas deciden estudiar esta carrera, ya que en el mundo cada vez crece la población infantil, entonces se cree que esto beneficiará los bolsillos de muchos docentes.

¿Cuál de estas respuestas se adecuará a la situación de muchos docentes que llevan bastante tiempo ejerciendo la educación?

Por último quiero que lean el siguiente poema que encontré en relación a mi artículo

DESAMOR POR LA DOCENCIA

No encuentro peor dolencia
que soportar la docencia.
Niños sin educación
que te lanzan un melón,
en plena clase.

Y ya por mucho que insistan
sobre la bondad de mi misión,
bacterias y virus me asistan
antes que soportar esta maldición.

Prefiero cualquier dolencia
a perder, por completo la paciencia,
y cargarme a un gamberrete
que huya corriendo al retrete
en plena clase.

Todo mal que a mí me aqueje
será una bendición,
con tal que en casa me deje
lejos de esta ocupación.

A mí todas las patologías
con tal que me den la baja.
Pasen alegres mis días
en consultorios sin fin:

con el alegre podólogo
y el simpático odontólogo.
¡Qué placer, el oftalmólogo!
¡Y qué gozada, el radiólogo!
¡Cómo relaja el neurólogo!
¡Cómo se enrolla el psicólogo!
Y, ¡qué bien!, hoy me toca:
el otorrinolaringólogo.

También asisto al urólogo
con tal que me den la baja.
Y si falto al ginecólogo
es porque no tengo raja.

ANTOLOGÍA de JUAN MARTÍN
(Derechos de autor reservados)

Laura Ospino Durán